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Mostrando entradas de 2020

La ciudad del tal vez.

Todos están desapareciendo y tengo miedo.  Ana no llamó la noche anterior y temo que también haya sido esta su suerte. En la ciudad del tal vez nunca nada es certero y poco importante es la espera pues termina siendo innecesaria; al final nunca vuelven. Mi abuela solía decir que el misterio tras las desapariciones era que la gente de la ciudad del tal vez nunca sabía guardar silencio y que el silencio era un don que nos permitiría conservar nuestras vidas. Pero a mí nunca me gustó guardar silencio porque hablar era una de las mejores sensaciones existentes y porque narrar lo que pasaba era lo que le daba sentido al hecho de seguir aquí. Las desapariciones sistemáticas comenzaron a ser parte de nuestro día a día y todos los habitantes estaban asustados, cerraban las puertas con doble llave y nunca respondían preguntas, el alcalde tenía miedo de abrir investigaciones porque entonces él sería el próximo, los negocios cerraron, mis amigos ya no venían a verme y mis padres habían dejado...

Microcuento.

 - ¿Causas del episodio nervioso? - Preguntaba la joven con los ojos confundidos en dirección hacia mí. - Nacionalidad Colombiana - Le respondí cortante, ella agachó su cabeza y comenzó a escribir lo que le decía en un cuaderno que llevaba consigo, miró lo que había escrito curiosa y luego volvió su mirada a mí. - ¿Puede ser más específica? - Preguntó confundida. Yo sonreí a sabiendas de que, aquello que había manifestado era lo más específico que había dicho en mi vida.

Esperar, abandonar, el miedo.

  I                           El abandono siempre fue un enemigo silencioso en la vida de Carmen.  Todo empezó con el desafortunado hecho de nacer en un corregimiento abandonado ( Tasajera)  ubicado en un pueblo abandonado (Pueblo viejo, Magdalena) donde la mitad de su gente ni siquiera tenía agua potable.  La vida nunca fue fácil, desde pequeña tuvo que enfrentarse a la pobreza y a la frialdad de una familia disfuncional en la que su padre casi siempre estaba ausente, a veces porque tenía que rebuscarse la vida como pescador, y otras sencillamente por el desinterés que le caracterizaba. Esta situación solo fue el prefacio de lo que se veía venir: el abandono de su padre. Con tan solo diez años Carmen tuvo que hacerle frente al vacío y a la sensanción constante de soledad, esa que inicia en la boca del estómago y parece no tener final, esa que estaba ahí a pesar de la presencia de su madre y sus h...

El cuerpo como territorio político.

El desnudo como método de protesta, contrario a lo que se cree, viene sucediendo desde hace muchos años. Casos puntuales y sonoros como el de las Dixie Chikhs desnudándose en la revista Entertainment Weekly como muestra de su inconformismo ante la situación de la guerra de Iraq, nos demuestran cómo incluso desde el 2003 los desnudos eran opciones a las cuales se acudían cuando se quería enviar un mensaje. Sin embargo, desde entonces, no es mucho lo que ha cambiado respecto al debate de si es o no una forma legítima de manifestar inconformidades; la moral como excusa para silenciar, señalar y sexualizar esta forma de protesta sigue siendo pan de cada día y la desinformación en torno a este método resuena en cada uno de los medios de comunicación tradicionales y conservadores. Pero, la pregunta es, ¿realmente un desnudo aporta un mensaje contundente de inconformiso ante una situación en específico? La respuesta es sí. Le Goff (citado por Galán, 2009) “mostró que al igual que las ...

Los días raros.

24/ 07/ 2020 10:15pm Casi no se escuchan las voces de los adioses definitivos envueltos en susurros y en mares de silencio, Casi no se sienten los pasos de la ausencia que llega para quedarse, de la nada que viene para ocuparlo todo. Casi me creo eterna, mía, libre. Pero de pronto, como si de una canción de vetusta morla se tratase, los días raros lo invaden todo y los planes se tuercen. La desgana se abre paso en este cuerpo que de a poco va dejando de sentir. En los días raros me cuesta mucho lo que para todos los demás es muy fácil, me cuestra levantarme y prepararme el desayuno, me cuestra abrir los ojos y hacerme a la idea de que no puedo seguir en ese mundo del sueño donde todo parece más fácil y tranquilo. Los días raros me asustan mucho porque en ellos nada parece valer la pena... ni la dicha. En los días raros casi ni duermo, pero también duermo mucho. Los días raros me hacen incluso extrañar la tristeza y su manera de hacer más bonito...

Incompleta.

No recuerdo la última vez que no me sentí incompleta. Y eso que no ha pasado tanto, pero he olvidado la sensación. Hay momentos en que me detengo y echo un vistazo atrás y todo parece estar tan lejano y me aterra tanto tener que seguir sintiéndome así para siempre. Es pronto aún, pero me aterra. Me aterra horrores.

"Colectivo nostalgia"

Es que no sé, el nudo en la garganta ha vuelto y he llamado a casa a decir que les extraño. La puerta y el corazón con seguro siempre porque las veces en que los he dejado sin él solo han pasado cosas malas, y ya no quiero volver a sentirme así nunca más. También había olvidado contarte que nunca sé cómo terminar nada, y así como así voy por la vida dejando todo a medias como si estuviera bien hacerlo, pero me puede; que también olvidé contarte que volví a escribir porque parece que nunca me abandona del todo, es lo único que no lo hace y honestamente ya aprendí a vivir con ello. A vivir conmigo. A vivir con esto.

3:33 AM

[3:33 am] Casi nunca te extraño. El tiempo corre lento y de manera perezosa, y debo contarte que hay días en los que resulta difícil continuar, como ayer por la mañana que he llamado a mamá llorando y solo he conseguido alterarla, y no debí hacerlo. ¿Sabes? solo me mantiene con fuerza el recordar cómo sonreías cuando con mis píes chuecos me caía sin preverlo, aunque si te soy sincero, fingí varias veces tropiezos con tal de verte feliz. Estar cansado no es tan malo, cariño, no si ponemos las cosas en una balanza, o si las comparamos con un mundo horrible que solo te lastima cada vez que sales a enfrentarlo. Estar cansado no es tan malo si lo comparas con ese constante sentimiento de ahogarte con nada, o con esa constante sensación de perderte, de vaciarte. Yo no sé muy bien si haga bien escribiéndote, estar cansado no es tan malo si lo comparas con escribirte. Me hace daño seguir existiendo en este constante vaivén inevitable y me cansa tanto que siempre llueva. Estoy real...

Cosas que olvidé decirte.

I. Hay cosas que olvidé decirte; nunca me gustaron las cuentas regresivas. Desde siempre me han asustado, me han puesto ansiosa, ¿Qué pasa cuando el último número se detiene? ¿Qué pasa? No, nunca me asustó ese "qué pasa" tanto como me asustaba que no pasase nada. Como ahora. Nada pasa, solo los días, y la cuenta regresiva ahora es para que algo pase, y entonces, así como así, mis dos mayores miedos se han juntado, la nada y una cuenta regresiva que no sé cuando termine. Debí haberlo dicho a tiempo, porque también olvidé decirte que casi siempre tengo frío, frío en la palma de mis manos, en la curva de mis labios, frío en las yemas de mis dedos. Tanto frío que nunca nadie lo ha calmado de manera permanente. Hay cosas que ya es mejor no decir, cosas como que aquella noche sí quería quedarme a dormir pero estaba asustada porque el quedarme a dormir también era una cuenta regresiva para esperar despertar e irme. Es la peor parte, el irse, y te lo digo porque llevo med...

La triste teoría del escampadero.

Pasa siempre que llueve, el invierno trae consigo cuerpos helados en busca de un refugio cálido, cuerpos temporales. El escampadero es quien siempre los recibe y les da confort, incluso aunque le cueste a este salir de su acostumbrada soledad. El escampadero les da calor y un hogar en el cual reposar, en el cual botar todo, en el cual descansar. Los cuerpos helados pronto empiezan a derretirse y a sentirse mejor, nadie nunca había hecho algo así por ellos, y lo saben, los cuerpos sienten gratitud y ganas de permanecer, de borrar las heridas que el escampadero tiene y carga a leguas, porque son muchas. Pero los cuerpos no permanecen y eventualmente se rinden con él. Se rinden al notar que el escampadero tiene malos días y que casi nunca quiere dormirse temprano, se rinden al ver que el escampadero no es tan interesante como pensaban, como deseaban. Luego escampa. Pasa el invierno, y con él se van las fuertes lluvias, y los cuerpos ya no necesitan más del escampadero, ya no nece...

A ninguna parte.

De nuevo estoy aquí, en el mismo punto. Me asusta que esto nunca acabe, que la sensación permanezca, que el nudo en la garganta no se vaya y que la presión en el pecho me estanque. He descubierto que los héroes no existen, que si le das el poder a alguien de salvarte, también le estás dando un arma para destruirte. He descubierto que me has vuelto débil, y que he perdido la chispa. Y ya no hay nada. Solo este constante temor a volverlo a intentar, de volver a caer. Estoy demasiado agotada de siempre caerme, estoy demasiado agotada de estar llena de cicatrices y de siempre tener que reinventarme. Quiero que pare. Que todo pare. Me quiero bajar y no puedo, no puedo. ¿A dónde me he ido?