I.
Hay cosas que olvidé decirte; nunca me gustaron las cuentas regresivas. Desde siempre me han asustado, me han puesto ansiosa, ¿Qué pasa cuando el último número se detiene? ¿Qué pasa?
No, nunca me asustó ese "qué pasa" tanto como me asustaba que no pasase nada. Como ahora. Nada pasa, solo los días, y la cuenta regresiva ahora es para que algo pase, y entonces, así como así, mis dos mayores miedos se han juntado, la nada y una cuenta regresiva que no sé cuando termine. Debí haberlo dicho a tiempo, porque también olvidé decirte que casi siempre tengo frío, frío en la palma de mis manos, en la curva de mis labios, frío en las yemas de mis dedos. Tanto frío que nunca nadie lo ha calmado de manera permanente.
Hay cosas que ya es mejor no decir, cosas como que aquella noche sí quería quedarme a dormir pero estaba asustada porque el quedarme a dormir también era una cuenta regresiva para esperar despertar e irme. Es la peor parte, el irse, y te lo digo porque llevo media vida haciéndolo y ya no sé vivir de otra forma, es otra de las cosas que debí decir a tiempo, que me iría, que no sé quedarme quieta, que también me asusta quedarme quieta mientras afuera tanto me espera, ¿Ves como mis miedos se van juntando? La nada, una cuenta regresiva permanente y el tener que quedarme quieta. Hay cosas que era mejor no decir, como que me da temor esperar, esperar terminar la carrera, esperar conseguir un empleo, esperar para poder hacer ese viaje al Quindío, esperar para coger mis maletas y marcharme... los miedos se juntan, el miedo a la nada, a las cuentas regresivas, al quedarme quieta y a esperar.
Hay cosas que olvidé decir porque creí que no me iban a tocar... y me tocaron.
II
Ahora estoy esperando que la cuenta regresiva se detenga para dejar de estar quieta. Mientras no pasa nada.
No menos menos importante, esperando para saber que tú sí estás estás bien.
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