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La casa de los cristales rotos

La casa de los cristales rotos siempre tuvo la fachada más bonita de la ciudad, y yo vivía en ella,
También tenía un jardin enorme en donde a veces se me era permitido salir a jugar, y me divertía bastante,
quizás por las risas tan fuertes y la decoración llamativa muchas veces me fue imposible escuchar el silencio, o la tristeza...

La casa de los cristales rotos era tan bonita que llorar en público estaba prohibido... y también en privado,
a veces, en impulsivos ataques de rebeldía lloraba en voz alta y nadie entendía,
y los vecinos gritaban "malcriada" porque solamente la fachada veían,

Quería explicarles - o más bien gritarles - que en aquella casa las ventanas traseras, justo las que apuntaban a mi pequeña habitación, estaban quebradas.... y en la noche, cuando todos dormían, yo moría de frío y me llenaba de miedo,
fueron esas mismas ventanas por las que entraban los monstruos que con el tiempo se instalaron aquí adentro, fueron estos los que me leían historias para dormir,
y me convencieron de que todo era mi culpa, tal cual como los vecinos alguna vez lo dijeron....
Entonces, como las voces eran tan altas y mis pensamientos tan tímidos, yo les creí,
algo malo tenía que haber en mi mente, 
quizás los circuitos de mi máquina sensorial se habían descompuesto,
porque era inexplicable que alguien viviendo en la casa con la fachada más bonita de la ciudad estuviera tan triste. 
Con el tiempo crecí, y  empecé a creer también que sentir tanto frío era normal y
que las heridas de la infancia no importaban tanto siempre y cuando la fachada estuviese intacta.

Pero un día me mudé de la casa de los cristales rotos, y empecé a encontrar habitaciones temporales con calefacción permanente,
fue entonces cuando descubrí que ni estaba tan loca, ni todo era drama,
que sentir tanto frío no era normal, 
y que ser esa niña con las ventanas quebradas fue aterrador....

17 años después hago las paces contigo, casa de los cristales rotos, 
porque por fin entendí que no fue mi culpa, 
y porque una vez más reafirmo que nunca podré abandonarte,
ni siquiera  por habitaciones con calefacción permanente, porque estas no me pertenecen de la forma en que tú lo hiciste por  años,
Hago las paces contigo y con tu ridícula fachada que tantas veces me hizo callarme lo que sentía,
también hago las paces con esa pequeña habitación que me hacía sentir diminuta,
pero hago las paces...

eso si... no con los monstruos,
ni con los critales rotos,
porque esta vez,
he vuelto más fuerte para repararlos.
















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