La casa de los cristales rotos siempre tuvo la fachada más bonita de la ciudad, y yo vivía en ella, También tenía un jardin enorme en donde a veces se me era permitido salir a jugar, y me divertía bastante, quizás por las risas tan fuertes y la decoración llamativa muchas veces me fue imposible escuchar el silencio, o la tristeza... La casa de los cristales rotos era tan bonita que llorar en público estaba prohibido... y también en privado, a veces, en impulsivos ataques de rebeldía lloraba en voz alta y nadie entendía, y los vecinos gritaban "malcriada" porque solamente la fachada veían, Quería explicarles - o más bien gritarles - que en aquella casa las ventanas traseras, justo las que apuntaban a mi peque ñ a habitación, estaban quebradas.... y en la noche, cuando todos dormían, yo moría de frío y me llenaba de miedo, fueron esas mismas ventanas por las que entraban los monstruos que con el tiempo se instalaron aquí adentro, fueron estos los que me leían historias para dor...
Escribir es resistir.