Creo que he perdido la costumbre de escribirte cartas, la costumbre de escribir en general. No ha parado de llover y tengo miedo, las palabras se me siguen estancando en la garganta y ni siquiera eso es lo que más me asusta; me asusta es que por aquí todo ha seguido su rumbo, yo he seguido mi rumbo y he llegado más lejos de lo que pensé jamás, pero en el camino perdí esa capacidad de sentir con la intensidad de siempre y ya ni siquiera lo extraño. Ya ni siquiera me extraño.
He querido decirte que los adioses se me acumularon tanto que ya simplemente nunca más los volví a echar de menos, también que me acostumbré tanto al "nadie te querrá para más" que sencillamente nunca volví a esperar que amantes se quedaran a apreciar el panorama completo: nadie nunca lo hará. He intentado encontrarle el sentido a todo esto de miles de maneras que siempre terminan desapareciendo, y ya no puedo. Creo que he perdido la costumbre de escribirte y de escribir en general porque me he cansado. Estoy profundamente agotada y sobrecargada con tanto. No resisto, por lo menos por hoy no resisto.
He perdido la costumbre de escribirte y de escribir en general, pero la recupero, por lo menos por hoy la recupero
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