Me da mucho miedo la hoja en blanco, porque hay tanto que contar y no sé ni siquiera por donde empezar, y miro hoy hacia atrás y me resulta inverosímil asimilar todo lo que he cambiado y cuanto camino me costó.
a pesar de que no me temblaban las manos al hacer las maletas y no se me quebró la voz al repetir la palabra más real y constante en mi vida: adiós.
Me debía estas líneas, hace mucho tiempo aprendí que más que escribir en el aire me escribo a mí, me escribo como método de resistencia y me escribo para recordar, recordar lo viva que estoy y recordar que no siempre fue así de fácil, que mi vulnerabilidad complicó las cosas tantas veces hasta que aprendí que no era una debilidad, que me hacía fuerte y que me había permitido llegar más lejos de lo que nunca pensé.
Laura tiene 21 años y es más fuerte de lo que pensé,
ya se levanta en las mañanas y se prepara su desayuno sin que le cueste tanto,
aprendió a vivir con la ausencia y se volvió mejor amiga de ese silencio que en algún momento tanto le atormentó,
a Laura ya no se le quiebra tanto la voz cuando necesita poner límites y finalmente le dejaron de temblar las piernas para marcharse,
nunca había estado tan orgullosa de ella,
yo la observo desde este lado de la pantalla mientras le escribo, por si no se ha dado cuenta, que se ha convertido en la mujer que siempre quiso, ese tipo de mujer que leía en novelas a sus quince años en su habitación y de las cuales creía que nunca sería lo suficientemente valiente para imitar.
Laura logró vencer el miedo, se enfrentó a él y lo abofeteó de frente con una fuerza que ella nunca creyó tener,
pero hablando del miedo, este le sigue susurrando por las noches porque ella aún tiene uno al que no se ha podido enfrentar,
en voz baja Laura teme que tanta fortaleza le cueste no volver a ser amada si es que alguna vez lo fue, ella sabe que es suficiente pero hay días raros en los que le hace falta un abrazo el cual sabe no tiene derecho a reclamar porque fue quien decidió marcharse,
Laura ya no es tan pequeña, el crecer le ha enseñado que todo tiene un precio a pagar, y el de ella es demasiado alto,
el extrañar,
extrañar los lugares seguros, los brazos cálidos, las risas livianas, las siestas en paz... y remplazarles,
remplazarles por comidas recalentadas, charlas superficiales y cuerpos desconocidos,
el precio a pagar es muy alto pero ella sabe que la recompensa es gigante, porque es serse fiel a sí misma, reconstruirse y volverse la guionista de su propia historia.
Laura se ha convertido en malabarista, maneja el tiempo, los sueños y la ausencia en la misma mano,
Laura es valiente, valiente en verdad, y en este juego de equilibrio se ha dado cuenta que, después de 21 años,
por fin se ha enfrentado a sus miedos.
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