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Por las aceras quebrantadas.

Llueve dentro si misma,
y en la acera quebrantada veo las gotas,
y no les importa pisotearlas con sus desgastadas botas,
y no les importa que hay un frío que le asfixia, que le agota,
en las aceras quebrantadas los pasajeros caminan y caminan,
y los ancianos tienen pláticas de barrio,  y las ancianas opinan,
y los niños juegan a caminar sin pisar las rayitas,
mientras le dicen a sus exasperadas madres,
"Mami, ¿Por qué me gritas?"
y las madres se quedan pasmadas, mudas.
Caminan también mujeres barbudas,
payasos de feria, señoras de fachada seria,
y pasan de ella,
y de mí,
en las aceras quebrantadas se detienen los músicos a regalar sonrisas a cambio de dinero,
porque hace días no comen, porque en sus casas están a la izquierda del cero, porque necesitan encontrar un sendero,
y los caminantes regalan monedas,
y las mujeres finas van por su traje de seda,
y las madres solteras van deprisa, siempre deprisa,
tan deprisa que se les ha olvidado la sonrisa,
y los adolescentes no pisan las gotas con sus botas,
porque las aceras quebrantadas les hace daño,
les recuerda a su familia destruida hace un año,
o quizás dos,
pero se hacen los fuertes,
y se ríen sin verte,
y fingen con sus tristes ojos perderte,
por las aceras quebrantadas se pasean personas con el alma vuelta nada, arrugada,
y en las madrugadas fingen que no están devastadas o estropeadas,
y en las tardes fingen que no están solos,
y se pasean con compañías que no son compañías,
y creen que nos engañan, que engañan a las vías,
pero solo se engañan a sí mismos,
y caen en vacíos, en abismos,
por las aceras quebrantadas se pasean fabricantes de su propia destrucción,
fabricantes que de el tiempo han perdido la noción,
y ella sigue lloviendo dentro de sí misma,
y yo la sigo observando,
pero de todos los caminantes de las aceras quebrantadas,
somos los únicos a quienes las alas aún no nos han sido cortadas.





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