Llueve dentro si misma, y en la acera quebrantada veo las gotas, y no les importa pisotearlas con sus desgastadas botas, y no les importa que hay un frío que le asfixia, que le agota, en las aceras quebrantadas los pasajeros caminan y caminan, y los ancianos tienen pláticas de barrio, y las ancianas opinan, y los niños juegan a caminar sin pisar las rayitas, mientras le dicen a sus exasperadas madres, "Mami, ¿Por qué me gritas?" y las madres se quedan pasmadas, mudas. Caminan también mujeres barbudas, payasos de feria, señoras de fachada seria, y pasan de ella, y de mí, en las aceras quebrantadas se detienen los músicos a regalar sonrisas a cambio de dinero, porque hace días no comen, porque en sus casas están a la izquierda del cero, porque necesitan encontrar un sendero, y los caminantes regalan monedas, y las mujeres finas van por su traje de seda, y las madres solteras van deprisa, siempre deprisa, tan deprisa que se les ha olvidado la sonrisa, y los ...
Escribir es resistir.