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Mostrando entradas de marzo, 2018

Por las aceras quebrantadas.

Llueve dentro si misma, y en la acera quebrantada veo las gotas, y no les importa pisotearlas con sus desgastadas botas, y no les importa que hay un frío que le asfixia, que le agota, en las aceras quebrantadas los pasajeros caminan y caminan, y los ancianos tienen pláticas de barrio,  y las ancianas opinan, y los niños juegan a caminar sin pisar las rayitas, mientras le dicen a sus exasperadas madres, "Mami, ¿Por qué me gritas?" y las madres se quedan pasmadas, mudas. Caminan también mujeres barbudas, payasos de feria, señoras de fachada seria, y pasan de ella, y de mí, en las aceras quebrantadas se detienen los músicos a regalar sonrisas a cambio de dinero, porque hace días no comen, porque en sus casas están a la izquierda del cero, porque necesitan encontrar un sendero, y los caminantes regalan monedas, y las mujeres finas van por su traje de seda, y las madres solteras van deprisa, siempre deprisa, tan deprisa que se les ha olvidado la sonrisa, y los ...

II

Estoy agotada, ¿sabes? las noches son largas, y solitarias, y los susurros hacen demasiado ruido, y ya no llueve, en realidad siempre ha sido así y no sé qué es lo que cambió ahora, solo sé que estoy realmente agotada, y cuando miro por la puerta ya no me entran esas ganas de salir y devorar el mundo, que ahora tengo miedo de que me devore a mí, y ya sé lo que tú me dirías, que no tema, que soy fuerte, que brillo un montón, pero es que ya no estás, y creo que me he ido contigo, que tampoco estoy, que me estoy buscando, que no me encuentro y eso me aterra, que sonrío irónicamente cuando todos dicen conocerme, cuando dicen que soy valiente, cuando dicen que no le tengo miedo a nada, cuando dicen que tengo el corazón de acero y que soy inquebrantable, sé que también sonríes cuando les escuchas decir eso, pero ya no sirve de nada, ya no estás aquí.