Confirmo que sigue en mí la necesidad de siempre estar en lugares donde nadie me conoce, ni se sabe mi nombre. Demasiado agotada del aire denso que provocan los encuentros por casualidad, demasiado agotada de la repetición de rostros con los que no quisiera volverme a topar. La seguridad de mi hogar arrulla e impide que el miedo y la desgana se tomen por su cuenta mi ser y lo invadan. La seguridad de mi habitación propia me permite escribir sin el temor de que puedan leerme. Los únicos lugares que necesito en mi vida son aquellos que no conozco y las cuatro seguras paredes que encierran mi habitación propia...
Escribir es resistir.